Consejos para acertar al comprar un trípode

Consejos para acertar al comprar un trípode

El trípode es uno de los elementos básicos en todo aficionado a la fotografía debido a los múltiples usos, muchos de ellos indispensables, como la de poder disparar a velocidades lentas (segundos o minutos para exposiciones largas, interiores, nocturnas o el efecto seda en el agua), componer perfectamente el encuadre o, sencillamente, que pueda salir el fotógrafo en sus propias fotos.

Su función principal es la de permitir mantener a la cámara completamente quieta. Consta de cuerpo (patas) y rótula con zapata (dónde se ancla la cámara y permite orientarla en cualquier dirección). Siendo técnicos, un trípode como tal sería solamente las patas, a las cuales hay que añadirle la rótula, pero se sobreentiende que se llama a todo el conjunto. En gamas medias y altas se venden por separado rótula y trípode, mientras que en gamas bajas van juntas, muchas veces soldadas. Todas las rótulas son compatibles con todos los trípodes, ya que solo hay 2 tipos de rosca y hay adaptadores.

Acertar en la compra no es tarea fácil. Es muy habitual equivocarse al comprarlo porque no te fijas en las características que debe tener para tu uso y según tu equipo. Las características que posea el trípode hará que disfrutemos de él y nos ayude a hacer buenas fotografías o, por el contrario, que acabe hastiándonos porque no puede ofrecernos lo que le pedimos.

Muchos de los trípodes que se venden no son adecuados y acaban repercutiendo negativamente en tus fotos, siendo especialmente el poco peso, la baja altura, el plástico y el que no sean para fotografía los principales factures que harán que tu trípode no sea adecuado. Y hablo para aficionados.

Las características que debe reunir son:

Peso: Debe ser adecuado a nuestro equipo y uso. Un trípode ha de ser más pesado y robusto cuanto más pese nuestro equipo y focales más altas tengamos. Los trípodes suelen indicar el peso máximo que soportan, el cual muchas veces es poco útil porque siempre lo exageran. Un trípode que indique que aguanta hasta 4 Kg será usable más o menos hasta la mitad, es decir, 2 Kg. Estas medidas se suelen hacer en horizontal y sin la columna desplegada. Si la desplegamos para ganar altura y encima ponemos la cámara en vertical, puede que no aguante correctamente ni esos 2 Kg.

Por lo general, cuanto más pesado es el trípode más estable es, pero también, menos transportable. Según el tipo de fotografía que hagamos, elegiremos uno más liviano pero versátil o uno más pesado pero más estable. Si vamos a caminar 5 minutos desde el coche, nos importa poco que pese mucho, pero ganaremos estabilidad. Pero si pretendemos caminar varias horas con él deberemos optar por uno más liviano pero suficientemente estable para nuestro propósito y equipo. Por norma general no debe pesar menos de 1 Kg, siendo lo ideal entre 1.5 y 2.5 Kg para un equipo no excesivamente pesado (hasta 4 Kg montados). Si queremos utilizar un 300 mm. o superior debemos tener un trípode que evite cualquier trepidación.

Si vamos a usarlo en terrenos poco estables (nieve, playa o rocas), en el agua (playa o arroyos) o en días de viento, si no soportan esas condiciones por su bajo peso nuestra cámara acabará cayendo y sufriendo un grave accidente. Por eso recomiendo para aficionados avanzados un trípode pesado (2 a 3 Kg) para batalla y poco desplazamiento y uno ligero (1 a 1.5 Kg) para cuando no vayamos a arriesgar y necesitemos cargarlo durante bastante tiempo.

También deberemos pensar en futuras compras. Un trípode es para muchos años, y si ahora compramos uno demasiado justo para el equipo actual y lo ampliamos con objetivos más grandes y pesados, el trípode no cumplirá su función y deberemos comprar otro mejor. Por eso es mejor anticiparse y comprar una vez pero bien. Tampoco hay que comprar un trípode pesado por muy estable que sea si al final se queda en casa porque pesa demasiado para lo que estás dispuesto a cargar. Éste es uno de los principales factores que hacen que un trípode sea útil o un trasto, así que medítalo bien.

Altura: Ha de ser la adecuada a nuestra estatura. Cada persona tiene una estatura y estamos acostumbrados a ver el mundo (y fotografiarlo) desde nuestro particular ángulo de vista. Si medimos 1.70 metros y tenemos un trípode que solo se despliega 1 metro, algo falla. Además de tener otra perspectiva diferente a la natural, tendremos que encorvarnos para ver correctamente (surgirán dolores de espalda por una postura forzada) y además encuadraremos deficientemente al no ver bien ni visor ni pantalla, aunque esta sea articulada. Una cosa es para un uso esporádico, pero como trípode principal no. Como mucho debe ser 30 cm más bajo que la altura de nuestros ojos, ya que al poner la cámara esta altura se reducirá acercándose a nuestra altura natural.

Construcción: Un trípode siempre ha de ser de metal y tener zapata metálica. La zapata es una pieza que se atornilla a la cámara permaneciendo fija en esta y que sirve para anclar de forma rápida la cámara al trípode. Las zapatas y rótulas de plástico son endebles y con pocos usos pierden estabilidad, haciendo inservible al trípode al poco tiempo de comprarlo. No malgastes tu dinero en un trípode de plástico, por muy barato que sea.

Los metálicos suelen ser de aluminio (los mayoritarios y más equilibrados con un precio razonable) y de carbono (más estables que los de aluminio, pesan algo menos y más caros). También existen de titanio. Si te puedes permitir uno de carbono, mejor.

Rótula: Es donde se ancla la cámara y permite fijar su posición en cada caso. Hay distintos tipos, siendo los principales de bola, de joystick y de 3 ejes… Para paisaje, viajes y retrato aconsejo la de bola, ya que es la más rápida y versátil de todas. También deben indicar el peso máximo a soportar. No es lo mismo aguantar una cámara de 600 gr. que otra que pese 3 Kg. Por supuesto, trípode y rótula deben ir compensadas en cuanto a peso a soportar. Una rótula que aguante hasta 8 Kg en un trípode que 4 Kg máximo no aguantará los 8.

Secciones: Es el número de tramos en los que las patas se pueden guardar o desplegar. Mejor cuantas menos tenga y más gruesas sean, ya que será más estable. Por lo general un trípode de 4 o 5 secciones no será muy estable, además de que el grosor de la pata más pequeña puede ser irrisorio, llegando a partirse con facilidad. Pero obviamente los trípodes más livianos y compactos tienen más secciones.

Trípode para vídeo

Muchos de los trípodes baratos y de plástico que se venden son para vídeo, no para hacer fotografías. Todo aquel que tenga un mango largo en la rótula es para vídeo y pensado para moverlo en horizontal. Manejar estos trípodes pensados para vídeo con una cámara de fotos en vertical es una odisea, muchas veces imposible y acabarás harto de él.

Hay trípodes que pueden abrir sus patas de tal forma que quede a ras de suelo y hacer fotografías a distinta altura. Los hay con columna descentrable (para poner en horizontal) que es muy útil e invertible para macro y posiciones no muy cómodas.

Merece mucho la pena invertir de primeras en un buen trípode que sea adecuado a nuestras necesidades. Evitaremos comprar 2 veces. Por norma general y salvo ofertas, un trípode con un coste inferior a 50-70 euros suele ser poco útil, estando por lo general entre los 100 € y los 300 €.

Si queremos tener un trípode muy ligero para uso esporádico, sobre todo para poder salir nosotros en las fotos o llevarlo en nuestras rutas senderistas que no sean meramente fotográficas en las que queramos llevar «por si acaso» un trípode que nos pueda sacar de un apuro, existen algunos modelos de mini trípodes de unos 400 gr. de peso que suelen alcanzar el metro de altura y aguantan hasta 2 kg en vertical. Tengo un modelo desde hace años y funcionan decentes siempre teniendo en cuenta para qué es y para qué no sirve. Y ojo con sobrecargarlo o ponerlo en posiciones inestables o días con viento que la cámara puede vencer y caer al suelo.

Os recomiendo alguno de estos trípodes:

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